Precio y calidad hacen que cada vez haya más megacargamentos. España, principal destino
La cocaína argentina es de
las más buscadas en el mundo
Por MAXIMILIANO F. MONTENEGRO
Está claro que España es el destino predilecto de los cargamentos argentinos de cocaína hacia Europa. Sucedió otra vez hace pocos días con el operativo “Manzanas Blancas”, donde se interceptó un envío en barco a punto de zarpar del puerto de Buenos Aires, con una tonelada y media de la droga rumbo a Barcelona. ¿Por qué se arriesgan tanto? Los motivos son fáciles de comprender: un kilo de la sustancia se paga en Argentina a unos 35.000 pesos, pero apenas comienza a venderse en tierras del viejo continente el precio se eleva a 35.000 euros (140.000 pesos). Esta enorme diferencia es el caldo de cultivo de decenas de organizaciones que buscan todas las formas posibles para burlar los controles. Los especialistas creen que por cada cargamento sorprendido, pasan cuatro sin ser advertidos.
Un informe de Naciones Unidas conocido meses atrás sentenció que en la Argentina se puede comprar el gramo de cocaína -para consumo personal- al precio más barato del mundo. En promedio, según aquel estudio, el gramo de la sustancia cuesta en Buenos Aires unos 38 pesos (unos 10 dólares), menos que los 15 dólares de Brasil o los 21 dólares de Uruguay. En Chile, el gramo puede costar 25 dólares. “La cocaína cuesta menos en América Central y en América del Sur, donde se produce la mayor parte de la droga. Esta sustancia está más cara en los países aislados y alejados de las zonas de producción”, publicó el diario británico The Economist.
Este último dato no es menor. Es que cuanto más alejado esté un país de consumo de aquellos en donde se produce la sustancia, más valor tendrá ésta, por el flete y la ingeniería puesta al servicio de burlar los controles. El gramo para consumo en España, Estados Unidos o China, lugares donde llegan los embarques, cuesta alrededor de 70 dólares, pero en Italia, Grecia, Corea o Países Bajos sale arriba de los 100.
Industria nacional
Los estudios internacionales sobre consumo de estupefacientes sostienen que alrededor del 9% de la droga que se consume en Europa tiene origen argentino. Es decir, fue fabricada en territorio nacional o bien pasó por aquí, como ocurría hace dos décadas atrás de manera exclusiva. Ahora, el esquema de “negocios” es compartido entre quienes traen la droga de Bolivia, Paraguay o Perú, utilizando la costa argentina para enviarla al exterior, y aquellos que la producen en cocinas principalmente instaladas en el Conurbano.
Desde la Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA), su titular Claudio Izaguirre explicó a este diario que “esta realidad se constituyó con el afincamiento de importantes células de los carteles del narcotráfico internacional, que tercerizan la producción en cocinas distribuidas por todo el país y que funcionan como pymes familiares”.
La polémica acerca de la producción de cocaína en nuestro país (para uso interno y ventas al exterior) parece responderse por la enorme cantidad de “cocinas” desactivadas por las fuerzas policiales en los últimos tiempos, principalmente en la provincia de Buenos Aires. “Hemos declarado la guerra a los productores de drogas. Ellos saben que cuando los agarramos les aplicamos el mayor rigor, y eso se paga con la cárcel”, dijo el gobernador Daniel Scioli, quien prometió que “los carteles internacionales no se instalarán en la provincia”.
“Cocinar” a pedido
“Las cocinas argentinas producen a pedido de los carteles. El ’cocinero’ local se queda con el 20% de la producción, más la porquería que sobra de la elaboración, que luego se convertirá en dosis de paco. El 80% restante de cocaína pura parte al exterior, principalmente a Europa”, dijo Izaguirre. ¿Cómo sale del país? “Se usan, principalmente, barcos. Cada cargamento de los grandes grupos de traficantes puede tener en 800 y 1.500 kilogramos. Cabe destacar que apenas un 20% puede es detectado por las autoridades”, dijo el especialista.
Pero hay variantes. “La modalidad de exportación vía líneas aerocomerciales se lleva a cabo mediante una compleja red de mulas, que reclutan personas con distintos perfiles porque el objetivo siempre es sorprender a los controladores. Sin embargo, la modalidad más utilizada es por barco, por lo que se utilizan los puertos de Rosario, Zárate Campana, Necochea, Bahía Blanca o Comodoro Rivadavia, pero también creció el tráfico por tierra hacia los puertos chilenos”, dijo Izaguirre.
“En los barcos, generalmente la droga va en el casco de la nave, adherida con imanes. Se llega a puertos que no tienen buzos tácticos para revisión. El embarque no se hace directamente en los puertos, sino que utilizan gomones que llegan hasta el barco, ubicado a una distancia importante de la costa. Con la explosión de la exportación de granos, se vienen detectando también muchos cargamentos en esta clase de barcos”, dijo el especialista.
|