MASCOTAS
Las mascotas aliadas a la
socialización de los chicos
Los animalitos pueden convertirse en una fuente indiscutible de salud psíquica y social para los más pequeños, además de poder ser grandes y afectuosos amigos, también de adolescentes incomprendidos
Las mascotas pueden convertirse en el mejor aliado de padres y educadores para la socialización de niños y adolescentes. Si al gran interés por los animales de compañía se une un cuidado adecuado, pueden resultar una fuente indiscutible de salud psíquica y social para los más pequeños. Algunos psicólogos y psiquiatras infantiles usan animales en la atención a niños con diagnósticos de hiperactividad o accesos de ira.
A principios del siglo XX el psiquiatra y psicólogo infantil Boris Levinson, de Brooklyn, Estados Unidos, descubrió la utilidad de los animales como ayuda terapéutica. El profesional observó que la presencia de su perro ayudaba a los niños autistas a abrirse. Posteriormente se confirmó su ayuda en la atención a menores con otros diagnósticos.
La presencia de un perro en la consulta tranquilizaba a los niños hiperactivos y con ira. También se comprobó que los perros contribuyen a la socialización de los niños con discapacidad y que cuando se les destina un perro para que los acompañe, son más aceptados y los otros niños se relacionan mejor con ellos.
Los niños gustan a las mascotas, en general, y las mascotas -sobre todo los perros- a los niños. En el libro “Los niños necesitan animales de compañía”, de Plataforma actual y la Fundación Affinity, Dieter Krowatschek, psicólogo infantil y escolar que trabaja en Marburgo (Alemania), explica que su interés por las mascotas se debe a diversas razones: “son más curiosos que los adultos y menos precavidos al interactuar con otras especies. Aprecian el hecho de que la mayoría se comporte en forma infantil, lo que les confiere una gran ventaja como compañeras de juego; y, entre todas ellas, se sienten atraídos en especial por los cachorros.”
Millones de mascotas conviven en nuestras casas con la familia. Y gracias a esta convivencia, los niños de la casa que se implican en su cuidado se hacen más responsables y adquieren una mayor competencia social. Además, según destaca Krowastschek, “en la sociedad coetánea los animales de compañía pueden convertirse en grandes y afectuosos amigos, tanto para los niños como para los adolescentes incomprendidos, ya que ayudan a suplir la ausencia de los padres que soportan largas jornadas laborales”.
Además se comprobó que los perros contribuyen en forma notable a la socialización de los niños con y sin discapacidad. Ayudan a contrarrestar la perniciosa influencia de tantas horas de actividades en soledad, que favorecen la afición por los videojuegos o la computadora. Los niños y adolescentes que conviven con un animal de compañía se relacionan con él de una forma lúdica y tienen una oportunidad única de interactuar, jugar y conectarse con otro ser vivo, así como de educarlo.
En el imaginario infantil, los niños se relacionan con distintos animales y adoptan roles o papeles diferentes: gracias a su gran capacidad de invención se ponen en la piel de cualquier especie, incluso, de dinosaurios extinguidos. En general, los osos de trapo y los peluches les fascinan por su gran parecido con las mascotas reales, por lo que es muy fácil que se identifiquen con ellos.
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