Hace 30 años un humanoide dejó su esencia en un pino
Vecino atesora en Sarandí planta que encarna un ET
Por SEBASTIAN ARANGUREN
Una extraña visita recibida en abril de 1978 en la terraza de su casa por un vecino de Sarandí que, sin embargo, mantuvo ese episodio en el olvido durante 25 años, hace hoy a este septuagenario propietario de una pertenencia que pocos pueden darse el lujo de poseer: una planta extraterrestre encarnada en un ejemplar terrícola.
La historia a la que tuvo acceso EXPEDIENTES SECRETOS tiene por protagonista Ivar Melano, de 78 años, que se jacta de tener en el patio de reducidas dimensiones de su casa ubicada en la calle Villa de Luján, a cuatro cuadras de avenida Mitre, una singular planta que hace treinta años supo ser un prospecto de pino.
Fresco, vital y comprometido con el caso que lo involucra aun a riesgo que algunos no lo tomen muy en serio, Melano atesora ese vegetal de curiosa apariencia que considera “es una planta marciana encarnada en un pino” y a la que le dio el insólito nombre de “guru-guru”, versión onomatopéyica de la expresión sonora de la entidad alienígena que lo visitó 30 años atrás.
Mañana marciana
Una mañana de abril, muy temprano, Ivar subió a la terraza de la vivienda que por entonces ocupaba a metros de su actual lugar de residencia. La tarea que lo convocó tenía que ver con su pasión por la jardinería hogareña y a ese menester estaba dedicado cuando sucedió lo inimaginable.
Un intenso calor que impactaba sobre su espalda no era habitual para la hora del día -eran poco más de las 6- por lo que se dio vuelta y se encontró con un ser de un metro cuarenta, de color gris y que tenía en su estructura distintos puntos luminosos.
El contacto del tercer tipo se profundizó en segundos. El humanoide emitía unos sonidos como los los humanos hacemos cuando hacemos pasar líquido por la garganta y a pesar de no articular palabras en idioma común con el de Ivar, el dueño de casa entendía perfectamente lo que ese ser le transmitía.
Humanoide de palabra
Ivar recordó muchos años después -porque en ese punto reside el otro misterio de la historia- que tras la primera impresión no sintió miedo alguno y por el contrario, entabló un diálogo extenso con esa criatura que tenía una boca en forma de embudo y por ojos lucía una suerte de rectángulo de cambiante luminosidad.
La entidad se dio a conocer como extraterrestre y uno de los tópicos que abordó con Melano fue el quedarse con algunas de las plantas que Ivar tenía en el pequeño vergel que engalanaba su azotea. Es más, el humanoide pidió directamente por dos de los ejemplares que allí había.
Eran dos pinos que recién acababa de traer y por los que Ivar no estaba dispuesto a obsequiar fácilmente, ni siquiera a una presencia extraordinaria como la del marciano. Sin embargo, el visitante lo tranquilizó porque le dijo “a donde voy no me puedo llevar esas dos plantas pero sí las puedo hacer mías para que las cuides vos”. Y así fue.
Pero esta secuencia y otros elementos que enriquecieron ese contacto entre Ivar y el extraterrestre misteriosamente fueron bloqueados en la memoria de Melano, que desde esa mañana y por los 25 a los siguientes jamás volvió a recordar lo que había sucedido esa mañana en la terraza de su casa.
“No sé, me habrá hipnotizado, pero nunca más volví a acordarme de ese episodio hasta que un día uno de los dos pinos que el extraterrestre había elegido se murió y fue a partir de ese momento -rememora- que me vino todo a la memoria con lujo de detalles. Es más -apuntó- me acordé que me dijo que por 25 años no revelara el encuentro que habíamos mantenido”.
Es que hasta ese día de 2003 transcurrieron efectivamente 25 años sin que ningún dato de aquel diálogo fuera experiencia consciente en Ivar, que se las vio en figurillas cuando empezó a contar lo sucedido ya que sus interlocutores no lograban entender que de ninguna manera su historia se trataba de un secreto oculto. Era otra cosa francamente inexplicable.
“Guru-Guru”, tal el nombre que le dio Ivar para evocar la extraña representación fónica del ET con el que entabló contacto, tiene ramas que parecen lombrices pero que se manifiestan hacia abajo y los costados, enroscándose entre sí como si fuera una enredadera.
Especialistas en fenómenos extraterrestres se acercaron a la casa donde ahora viven Ivar y “Guru-Guru” para estudiar y ver de cerca el ejemplar al que no le encontraron explicaciones certeras, al menos que le hayan sido comentadas a Melano, dueño en definitiva de un prodigio que encarna un contacto del tercer tipo que no tuvo lugar en el desierto de Sonora como lo imaginó Steven Spielberg, sino en una terraza de Sarandí.
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